miércoles, 16 de marzo de 2011

David Jiménez y Ramón Lobo, ¿el reportaje o la vida?

Por Pilar Portero y Ana R. Cañil
David Jiménez está en Japón, es el corresponsal de El Mundo y un excelente periodista. Ramón Lobo está en Madrid en la redacción de El País, aunque él siempre prefiere estar en el ojo del huracán, y es uno de los corresponsales de guerra más reputados. Les hemos preguntado a ambos sobre el miedo, el peligro y la vocación de informar mientras te juegas la vida en asuntos tan dispares como una guerra o un escape de radioactividad. David ha contestado por mail y Ramón por teléfono. Estas son sus reflexiones. Tal cual. Merecen ser leídas sin fragmentar.
Y muchas gracias a los dos por acercarnos a la verdad a pesar del riesgo.

David Jiménez desde Japón
"Inconscientemente me mentalizo para rebajar mi percepción del peligro y justificar que todavía puedo seguir cubriendo la información"

Hola Pilar, perdona que tarde en responder. Muchos problemas logísticos por aquí. Precisamente estoy escribiendo algo sobre la huida de los enviados especiales para la web. La mayoría se han marchado.Yo creo que la clave es la incerditumbre. A algunos periodistas les da más miedo algo que no pueden ver, como la radiación, que el frente de un conflicto, donde estás un poco más en control de la situación. Personalmente, a mi me cuesta mucho marcharme de un sitio mientras sigue siendo importante cubrir lo que pasa, más aún en una crisis de la importancia de la que vive Japón. Supongo que inconscientemente me mentalizo para rebajar mi percepción del peligro y justificar que todavía puedo seguir cubriendo la información. No se trata de hacer locuras y, llegado un momento, no tendría problema en marcharme, pero creo que debe ser la última opción, cuando el riesgo supera lo que estás dispuesto a asumir. Se dice que un corresponsal muerto no puede mandar su historia al periódico y no seré yo el que lo ponga en duda.
Espero que esto te ayude, no puedo alargarme porque tengo mucho lío.
Besos
David

Ramón Lobo
"Por un párrafo es una gilipollez que te la juegues, por un buen reportaje merece más la pena"

Realmente no eres consciente del peligro, si lo fueras te irías. En el año 93, en Mostar durante la guerra de Sarajevo, en la zona de españoles había solo un hotel, donde estábamos Javier Espinosa, Fernando Mugica, Miguel Gil y yo. Había cuatro mercenarios tomando un café y nos pusimos a hablar con ellos. Se levantaron todos menos un francotirador francés que se quedó. A los pocos días me le encontré y me dijo que había visto a mis amigos. "¿Les has saludado?" le pregunté. "No porque les he visto a través de la mirilla pero como eran amigos no les he disparado". Entonces te das cuenta de que tu vida a veces depende de detalles que ni te imaginas. Cuando matan a amigos como Miguel Gil (en una emboscada en Sierra Leona en 2000) o Julio Fuentes en 2001 en Afganistán, o Ricardo Ortega en 2004, eres consciente del peligro.

Pero casi en el 99% de las veces no eres conscientes nunca. Sólo la experiencia te permite distinguir un párrafo de un reportaje: por un párrafo es una gilipollez que te la juegues,  por un buen reportaje merece más la pena. Y también que siempre hay una forma de hacerlo menos difícil. No todo es tan peligroso como se ve en el telediario. Debes tener buena información del lugar en el que estás, saber por que calles debes ir, tomar las medidas adecuadas y saber medir. Lo malo es que no suele haber gran información. Luego funciona la buena suerte. Gervasio Sánchez tiene una frase "Nos protege una estrella hasta que se apaga". Puedes salir bien de cosas.

No he estado en terremotos, sólo en el posterremoto de Haiti. Me alojé en un hotel que tenía la parte principal apuntalada y para salir había que recorrerla. Calculé cuanto tiempo tardaría en abandonar el hotel en caso de un nuevo seísmo y ví que era imposible salir por la zona apuntalada. También se desarrolla mucho el humor negro.

Con Japón veo una histeria colectiva, lo nuclear suena mal. El peligro máximo es en Fukushima, para los 50 ingenieros que se han quedado. Cómo lo normal es que los gobiernos no digan toda la verdad, se genera una desconfianza que provoca el miedo. En el caso de Japón el peligro es más difuso. En una guerra ves y oyes disparos, doblas una esquina y te chocas con la gente que corre en sentido contrario, doblas la siguiente y te ves sólo. El peligro es visible y eso te hace controlar mejor el miedo.

Respecto a irte o quedarte. Si eres un corresponsal de guerra hay que encontrar la fórmula de permanecer vivo en el sitio. Si hay un tiro y te vas no habría existido el periodismo de guerra. Tienes que dar con la manera de estar seguro. A veces te empuja la presión, que te crea un medio o tu mismo, por llegar muy rápido a los sitios. Hay que pararse a pensar, dos o tres horas, lo que necesites antes de decidir.

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